Miranda tomó la mano de Gael y con la pequeña navaja suiza empezó abriendo una hendidura en la muñeca del muchacho, justo por encima del pequeño chip tintineante de luz azul que podía verse hasta a través de su piel pálida. Él, la miró asustado, con la respiración agitada y lleno de una gran marea de desconfianza mezclada con dolor mientras su sangre empezaba a derramarse por el suelo seco.

–          Es así, estarás bien, todo acabará, confía en mí, amor mío – dijo la mujer de rasgos tan delicados pero de carácter fuerte.

–          Está bien- suspiró Gael, rindiéndose ante el dolor pero sacando de su natural personalidad bromista le preguntó algo a que la mujer ansiaba siempre en sus conversaciones profundas­- ¿Aún quieres ver el futuro?

                 Ella sonrió y odió haberle dicho aquel día de juegos que le encantaría vivir en el futuro cuando le preguntó su elección entre ese tiempo y el presente, como Miranda era una mujer que tenía como característica primordial  la curiosidad, no dudó ni un segundo al decirle que prefería ver el futuro que vivir su presente “aburrido”.

            Hasta ahora ambos no podían creer lo que estaba pasando, hace unos días se encontraban en su casa y  en un abrir y cerrar de ojos había cambiado su realidad tan bruscamente como los estados de humor de una persona con problemas. El desastre empezó cuando el gobierno implementó una ley que los destruiría a todos para siempre, aquella orden rezaba que los habitantes del mundo que pasaran de los veinticinco  años  serían elegidos para implantarse un microchip en su muñeca izquierda. Este chip llamado “zep” ayudaría a las personas a realizar transacciones y pagos con tan solo indicar su mano a un escáner.

            Miranda y Gael, eran novios, Gael era cinco años mayor que la mujer pelirroja y estaban en planes de boda, de los dos, el hombre era quien tenía el chip implantado, las noticias decía que el cincuenta por ciento de la población ya se encontraba utilizando el zep y que ha sido un éxito, claramente algunas personas sufrieron una reacción alérgica al implantarse el chip, pero el gobierno anunció que se harían de diferentes materiales con el pasar el tiempo.

            Ellos recordaban exactamente la fecha en que todo inició, el cinco de junio del año 2059, días después de que Gael se implantó el chip, la gente empezó a enfermar de la nada, el patrón se repetía: personas que ya poseían el pequeño metal en la muñeca, la primera oleada de muertos fue esa misma noche a las doce , todas las personas entre los 80 y 60 años cayeron enfermas y al tocar el reloj, murieron sin más, las noticias convencieron a la ciudadanía que se trataba de un virus que solo afectaba a la gente mayor, luego de una semana aquellos que se encontraban en el rango de 59 a 40 se vieron afectados , pero en esta ola de enfermedad, la gente no murió, al menos del todo y el caos se desató, pues  quienes habías cumplido esta edad se levantaron de sus velorios, como si de una novela apocalíptica se tratara, lo que la gente conocía como zombis, ahora era una realidad.

            Ese día Miranda vio morir a sus padres y Gael, quien estaba a su lado, los vio levantarse.

            No se podía describir con palabras el terror que recorrió por la sangre de la pelirroja, su mundo se tornó sepia de un segundo para el otro, como si la realidad la hubiese abandonado, lo único que la muchacha recordaba era la mano firme de Gael sobre su muñeca mientras la arrastraba fuera de la casa a una ciudad en donde hace solo semanas se vivía con los problemas cotidianos y en donde aquella noche se veían llover drones.  

            La oscuridad se tiñó de sangre, la muchacha  vio como Gael hundía su cuchillo en la cabeza de algunas personas conocidas, hasta que llegaron a un lugar seguro cerca del bosque, allí Miranda perdió el conocimiento. El hombre se encontraba también asustado, pero cuando miraba a su novia el coraje regresaba a su cuerpo, como un aire fuerte que lo hacía seguir, por ella lo haría todo. Gael tenía un pasado solitario, creció en casas de acogida hasta que tuvo la edad suficiente para andar por sí solo, ella era su familia desde hace mucho tiempo, la familia de Miranda lo había abrazado como si se tratase de un miembro más.

            Y esta vez, después de una vida en carencia y soledad, se encontraba dentro de un libro de terror alumbrado por una fogata improvisada que calmaba solo el frío de su cuerpo pues por lo helada que se encontraba su mente, el elemento no podía hacer absolutamente nada, había perdido a sus suegros y su vida y la de la mujer que amaba, se encontraban en peligro. Se desveló pensando en lo que seguía, se centró en la comida, necesitaba encontrar un automóvil y ropa… dentro de poco el invierno caería sobre el mundo maldito.

            La mañana comenzó a hacerse presente, Miranda se incorporó después de un sueño reparador sobre el pasto y a la lumbre del fuego, pero el momento en que regresó la mirada a su novio, las lágrimas aparecieron.

–          ¿No fue una pesadilla? Gael… ¿Mis padres están muertos?

–          Lo siento mi cielo – él la abrazó y besó su cabeza- todo esto por desgracia es tan real, como tú y yo.

            Ambos lloraron, sintiendo su tranquilidad y su vida perdida, pero luego de unos minutos se recompusieron y lograron salir a la carretera, el panorama era desolador, todo lo que se lograba ver, eran coches abandonados con cosas desparramadas en el cemento calentado por el sol infernal. Caminaron hasta que sus pies tocaron el asfalto, empezaron a revisar en cada coche, cuando se encontraron con un cadáver que tenía una herida de…

–          Esa es una mordida- La voz de la muchacha temblaba mientras describía lo que veía en el cuello de la pobre mujer, ella deslizó con su mano el cabello negro del cadáver para poder analizar mejor lo que le había pasado, sabía un poco de enfermería pero más impulsada por su necesidad de develar todas las preguntas que su mente se formulaba- Es una mordida de humano…

            Antes que terminara su frase, la mujer pálida con la mordida en el cuello abrió sus ojos cubiertos con una tela extraña que fue lo primero que vio Miranda antes de dar un paso atrás y ser salvada por el cinturón de seguridad que  detenía a la no muerta, prohibiéndole atacarla.  Haciendo caso de su intuición, la pareja se alejó de la zona, claramente llena de dudas e inseguridades, tomaron lo que encontraron, unas maletas las cuales llenaron de comida, agua y de armas… por supuesto, las que se podían, no querían hacer daño a nadie, pero eran esos monstruos o ellos y estaban determinados a no dejar que nada les sucediera.

            En su camino incierto se encontraron con estas criaturas salidas de la ficción: Claro que estos no eran como los pintaban las historias, parecían humanos comunes y corrientes, solo que tan pálidos como la nieve y con aquella tela en los ojos, además de que sus venas eran resaltadas por un rojo que se podía distinguir de lejos, matarlos, no era cosa fácil, pero ya se imaginan cómo debían hacerlo. Detalles que no vale la pena explicar.

            Así, con esfuerzo, pasaron  seis días, entre escondrijos y comida rancia, entre fríos infernales y casas húmedas, hasta que llegaron a un lugar que les parecía seguro, eran unas oficinas, estaban abandonadas, ninguno de los dos conocían la zona a donde habían llegado, pero cualquiera con la capacidad de razonar reconocería una estación de policía.

            La curiosidad de Miranda y la habilidad para la sobrevivencia de Gael los volcaron a entrar a ese lugar solitario, habían robots vigía desactivados y algunos drones tirados en el suelo, la muchacha tomó un disco de reproducción de hologramas y lo activó, era un hombre, de barba blanca y traje azul que se presentaba ante ellos gracias a los residuos de tecnología que habían quedado en el fin de los días.

–          Capitán Ramírez, debe decirle a todo el mundo que esto fue una trampa de las élites para acabar con la sobrepoblación mundial, al parecer los recursos en el planeta ya están al borde de la extinción, esto está causando que el fin del mundo programado se adelante cada vez más, por eso crearon los zep ¿A qué les suena? el retorcido que creó el nombre pensó que se parecía a el sonido que hace un hacha al cortar algo, psicópata, en fin, este  a las doce de la noche…

            Y entonces la batería de aquel artefacto se dio por vencida antes de que la pareja escuchara el mensaje completo del hombre del traje azul. ¿Qué era lo que esos desgraciados hicieron? De la nada, Gael empezó a gritar porque sintió un dolor terrible en su brazo, era como una electricidad recorriendo y quemando cada célula de su cuerpo, lo cual le hizo caer de rodillas en frente a su prometida, su vista incluso se vio envuelta de una niebla espesa y sus palabras en terribles súplicas.

            La muchacha no sabía qué hacer, solo acertó en llevarlo hasta una de las habitaciones en donde los policías hacían guardia, sacó del botiquín un aparato al que ellos llamaban consultorio, que con su escáner arrojaba a la luz el problema del paciente, Gael tenía el pulso alto y parecía que algo empezaba a intoxicar el cuerpo del joven. Miranda, con sus pocos conocimientos de enfermería le dio algunas pastillas y caminó de un lugar para el otro pensando. Algo debía hacer y cuando escuchó las manecillas de un reloj antiguo en la estación, ella lo conectó todo: Las muertes a las doce de la noche y el holograma del hombre de azul… ¡Los zep! debieron fallar en su cometido dando a lugar esas cosas que ahora eran dueñas de las calles.

            Entonces tomó una navaja suiza que encontró cuando arriesgaron su vida en la carretera y se acercó decidida a Gael, lo miró a los ojos, regresando así al inicio de esta historia.

            El hombre se puso en manos de su amada que no paraba de revisar el reloj, faltaban pocos minutos para las doce de la noche… ella rogaba porque su plan diese frutos, no podría soportar perderlo a él también. Con el pulso de un médico y la valentía de un soldado, la mujer logró quitarle el chip a su prometido, este se encontraba envuelto en una sustancia rojiza como la que se veía en cadáveres caminantes…la misma que minutos después coloreo de muerte el cuerpo de Gael quien sentía  el veneno corriendo por todo su cuerpo, sabía que estaba perdido pero se aferraba a la humanidad por unos segundos para despedirse de su compañera de vida.

            Ella casi muere de la decepción, no lo había salvado, él se iba a convertir en uno de ellos…

–          Debo terminar conmigo- dijo el hombre en su último deseo- No quiero hacerte daño, deberás ir al sur, debes sobrevivir mi preciosa, promételo.

                Él tomó una pistola que habían encontrado en aquella estación y la empuño fuertemente,

–       Lo siento… no pude salvarte- la sensación que sentía era tan amarga que casi podía sentirse salir de su boca.

–       Hiciste lo que pudiste Miranda, y siempre estaré cuidándote, te lo prometo. Te amo.

–       Te amo.

            Entonces, con lágrimas en los ojos, con el alma a punto de salirse de su cuerpo, la mujer escuchó un ruido horroroso mientras cerraba las ventanas a su mente  y después de depositar un beso fiel en los labios de su amor, destrozada, partió hacia el sur y yendo en contra de su curiosidad: Miranda ya no quería vivir en el futuro.

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