Balcón

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Sabes, estoy sentada en el mismo lugar de todas mis huidas, sé que no te agrada la idea de que convierta tus rincones en mi refugio cuando el tiempo empieza a molestar. Se me hace inevitable recorrer tu casa, me la conozco tan bien, todos los santuarios de tus geranios, aunque de esos quedan ya muy pocos, a veces pienso que no soportaron la tristeza de tu ausencia. 

Tengo que contarte un secreto, extraño tus infaltables mimos, ya nadie volvió a hacerme la limonada tibia y el café en el punto exacto, así como tu sabías. El banquito de madera, y las gradas me siguen transportando a esos días de cometas y dulces.

Sentarme aquí se ha convertido en un ejercicio para mi espíritu, entrenar mi alma para vivir recordando sin que puñales me arañen. Pocos conocen que es mi lugar especial, la zona de confort, o el espacio para venir a llorarle.

¿Supiste que sus pacitos lentos ya no alertan la travesura?, a pesar de eso, su olor es más fuerte con cada arribo. Las 6 de la tarde se me hacen interminables, el calor de tu chalina no suaviza las esperas, como antes, mientras ansiosa contaba los minutos para que lleguen las roscas calientitas. Disculpa la fascinación de mis egoísmos, pero hicieron de mí una consentida. Recuerdas cuando el se ponía en la tarea de llevarme a bailar tras la banda de pueblo con mis «cabezones» revueltos, nunca importó, era más fuerte el deseo de complacer mis simplicidades. 

Cierto no puedo dejar de contarte mis hazañas cruzando el mercado, y cómo no mencionar a la gelatina de la Mamá Tuca, no pude negarme a beberla, a pesar de que el vaso era tan grande que me tragaba con ella. 

¡Ay! Ustedes sabían perfectamente lo que me gustaba: meterme debajo del mostrador y abrir la puerta de la tienda en pijama, es cierto, como dato extra te cuento que aún conservo la pijama que una noche hiciste para mí,está doblada junto a algún bordado, y para detallarte más, en la rutina de mi cabeza le sigo buscando utilidad al medio punto que me enseñaste a tejer, yo te decía “que no era buena para esas cosas”. 

Bueno, y para no abombarte con el tormento de mis palabras desajustadas, tengo que decirte: en algunos rincones de mis nuevas presentaciones guardo sus primeros regalos- a veces me suena incomprensible tanta ternura- parecería un lindo cuento de la niñez. No sé disgusten, ya no estaré más en el frío, y ya me puse un suéter, solo requiero de un momento más, para grabar en mi mente sus cielos, las montañas y su tierra, mi tierra. Ahhh y prometo dejar el miedo de que se me olviden sus ojos o el tono de su voz porque sé que en alguna parte del universo caben los reencuentros.

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