“Quizás como liberación de mis pensamientos más íntimos va destinado a ser una carta espejo, he descubierto que por más ficticio que puede llegar a ser una que otra historia, no hay forma de ocultar la mente expuesta y transparente a ningún lector”. 

Hilo tras hilo, aquello que teje mi destino suplica que ceda, en el intento me niego, pero forzarme no es una opción, entonces me resigno porque no puedo tener el control de todo lo que me rodea y ahí abrazada al árbol más cercano me permito fluir. 

“Cara o sello”

así empieza la jugada.

Lo que no estuvo destinado a tejerse junto a mí lo imaginé, después de todo recordé “bordada ya estoy”. Y así surgieron escenarios falsos, emociones, sensaciones, nunca amé, pero lo imaginé y no dolió.

Estaba dispuesta a cualquier enredo, a que un día llegase un bordador distinto a tejerme, era imposible se me había destinado uno en especial al que nunca le di la contra por estar satisfecha de que el hilo se cruza y se enreda con aquello que está destinado a ser, cada hilo va en su lugar y así le fui encontrando respuestas a mi bordado.

Casi nunca solía mirar mi reflejo en el espejo, un día nuevo otro tejido, ya no sabía si tenia forma alguna e incluso supuse que, por la ligereza de las costuras, el hilo estaba por acabarse. 

Recordé agujas de todo tamaño, en un segundo mi vida pasó entre bordado y tejido, muñeca de trapo no fui, mi propia bordadora intenté serlo fracasé en el intento y unas cicatrices impregnadas en mis piernas nunca fueron cubiertas por mi bordador “-un recuerdo de porqué están ahí, es un recuerdo de que las heridas cicatrizaron”. 

Si no hay hilo no hay bordador, 

y en un abrir y cerrar de ojos no existo,

Bordada ya estoy.

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