De Edward para su doctora de confianza

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Señorita, mi enfermedad, es probablemente la más difícil de dar a conocer, pero trataré de explicarla con el mayor detalle posible rogándole la más pronta ayuda. Me temo que mi corazón ha tomado autonomía desde hace dos años, se tornó tan rebelde que crea sentimientos ajenos a mi cerebro el cual se indigna cada vez que intercambian señales imperceptibles a mis sentidos. La garganta también sufre, está cansada de ordenar a mis ojos la producción de lágrimas e intenta crear un obstáculo a manera de nudos invisibles para que las señales no ingresen apresuradas hacia la fábrica de gotas saladas que suelen ser fugitivas de mis ojos claros, además, creo que pronto esta planta de producción se quedará sin materia prima y eso es preocupante. Aquel órgano palpitante se ha desviado de la cordura, no acata las señales de razón que le da mis valores, me temo que es mucho más fuerte que estos y por si fuera poco se ha aliado con el estómago para hacerme sufrir, es de necesidad saber que este siempre me ha odiado y que no me sorprendería si llegara a mis oídos el plan macabro que han armado ambos para terminar con mi vida.

Tengo un temor latente y es que mi estado de ánimo no es el mismo, la rabia me invade rápidamente ante la mínima señal del mundo exterior, creo que es a causa de la tristeza que el villano morador en mi pecho ha creado ¿A caso no se conforma con bombear sangre y darme vida? ¿Tan importante este se cree para ordenar a todos mis órganos y hacer de ellos sus esclavos? ¿Cómo vuelvo a atarlo a mi cabeza? ¿O acaso es un intento de suicidio? Es peligroso que siga tomando decisiones por si mismo, ¿Mencioné que también se ha apoderado de mi lengua? Con látigos y ordenes ensordecedoras intenta que el nombre de aquel agente externo salga a cada momento. No aguanto más la situación, temo que la poca cordura que le queda a mi cabeza sea dominada por el tiránico corazón.

Por último y lo que más me causa preocupación es que se está tomando también mis extremidades, sin lugar a dudas hace que mis dedos dejen de escribir notas de ayuda, por ende la única manera que tengo para dejar a mis sentimientos -otros fantasmas y demonios que rondan mi cabeza robándose la poca cordura que le queda- libres, se ve sofocada por las órdenes del rey corazón. Mi cuerpo ahora mismo es una gran fiesta suicida.

Imagino que se estará preguntando el motivo de la insurgencia del órgano palpitante y por eso me veo obligado a darle la entera responsabilidad a usted, pues sé como en un suspiro fue capaz de romper el lazo de amistad de estos dos que ahora arman un campo de guerra en mis adentros, por eso, decidí acudir a su nombre, quien tuvo la osadía de malquistarlos y exijo una reparación lo más rápido posible, pues como expliqué la mente está siendo dominada por el corazón y enloqueciéndome, empieza a bombardear con imágenes llenas de recuerdos inútiles y no reales. Usted además de ser una gran doctora, es la dueña absoluta de las acciones de mi corazón que sufre y reniega por sus decisiones.

¿Podrá recentarme usted algún medicamento para corazones necios? O ¿Existe a caso alguna terapia que domine a este órgano incapaz de entender razones lógicas? Le pediría un último beso; tal vez una palabra de amor más, pero puede complicarlo todo y regalar una paz que solo duraría hasta que la realidad vuelva a presentarse ante nuestros ojos llenos de fallas. Siento desesperación a cada instante, solo le pido que su solución sea pronta, la sociedad empieza a notar mi enfermedad y no es de mi placer, ni el de mis oídos escuchar acusaciones falsas e indirectas por culpa de mi condición que ellos no conocen.

En fin, dígame señorita, experta en las artes de la medicina y el amor que debo hacer, que seguiré al pie de la letra todas sus recomendaciones.

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