A finales de la década de los sesenta y primeros años de los setenta, se desató la llamada “guerra del atún”, que consistía en la captura de barcos piratas, en su mayoría estadounidenses, que ingresaban en el mar territorial de 200 millas para realizar faenas de pesca, sin ningún permiso.

Los barcos que realizaban estas ilícitas faenas eran sometidos por la marina ecuatoriana y obligados a pagar los permisos de pesca y las multas que se les imponía, previo a su liberación.

El mar territorial ecuatoriano tiene su fundamento jurídico en la Declaración de Santiago, del 18 de agosto de 1952, por la cual Chile, Perú y Ecuador proclamaron, en ejercicio de su voluntad soberana, un mar territorial de 200 millas, que conlleva el que se apliquen también en torno a las islas Galápagos.

Los ecuatorianos han establecido y fijado así el mar en 200 millas. El territorio nacional, de acuerdo a las leyes, está conformado entonces por el territorio continental, el territorio insular, el mar territorial y la columna de aire que sobre ellos se levanta. Sobre este territorio ejercen su soberanía. Renunciar a ello bajo cualquier pretexto es traicionar a la Patria. No caben pretextos ni juegos de palabras para renunciar a esa soberanía, pues no prescribe en el tiempo.

Esperemos que este derecho que asiste a nuestro país sea respetado por la comunidad internacional y no se ejerza irrespeto alguno sobre nuestra soberanía.

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