Fin del Juego

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Niña de bosque, camino sola, voy de vuelta a la boca del lobo. Quiero mirarlo a los ojos para saber lo que es cierto, escudriñar su mirada hasta encontrar mi reflejo. Salí de casa para buscarme en todas las noches en que me perdí. Torcí el sendero y me aventuré, buscando una selva, un jardín. El precipicio fue el refugio más seguro que encontré.

Niña de bosque, fruto silvestre, no me olvido del gusto infantil de trepar árboles, y la travesura de mujer que mordisquea manzanas. Me columpié en el árbol maldecido, ese que está en el centro, balanceándose entre el mal y el bien. No me confundan, atravieso el bosque, pero no junto flores: busco la fruta prohibida que todos queremos morder.

Niña de bosque, piel de panela, vístete, que ya viene él, y no viste de oveja: hace tiempo que le conociste la desnudez. La putrefacción de la bestia. El alma atroz. El apetito feroz.

Niña de bosque, chispas de fuego, meterme en la boca del lobo siempre fue mi deseo. Disfruto abrirle las fauces con mis propios dedos, morderle los dientes, pintarle la lengua. Lamerle las costras de los labios, el cuello. Como a un animal herido, como a un animal querido. Acariciarlo con las uñas, saborearlo como a un vicio.

Niña de bosque, hija de volcanes, nací, como ellos, con la cabeza de hielo y el corazón hirviendo. El corazón palpitando dentro, amelcochado en la lava dulce del amor. Rojo es el color del amor, pero es también el color de la rabia, iluminando el fondo de mi cráter. Capaz de explotar cerebros, encender fogatas, y quizá, otro corazón. He de aprender a dominarlo y dejar de alumbrar al que quiere apagarme.

Niña de bosque, crujir de hojas, por qué insisto en esperarlo a la entrada del atajo, y seguirlo sigilosa por el camino más largo. Aun cuando me dijeron que con él no se juega, sigo retándolo para ver quién llega primero. Le hago creer que creo en lo que cree, corro tras él hasta pisarle la cola. Quiero picarla en pedacitos y echarla al fuego. Hacer leña del lobo caído. Él cree que me sigue a mí, pero andamos en círculos. Y ya no sé quién es el cazador y quién la presa.

Niña de bosque, tormento de luna, el lobo quiere comerte, pero esta vez no serás tú el banquete. Antes de todos vas a servirte tú. Ahora son tus manos las que tienden la trampa. Sal del escondite, que ha llegado tu turno. Muestra de tu cuerpo todas las lacras. Y todos los lugares a los que ya no vuelves. Todos los recovecos que no quieres que te miren. Y ponlos sobre la mesa donde se sirven los antojos.

Niña de bosque, piedra de riachuelo, por qué tan compasiva, por qué tan complaciente. Se me da por pensar: pobre lobito, y preguntar, como en la infancia, qué estará haciendo. Y dejarle un mensajito, mi voz en el whatsapp. Y huir de todos los que me quieren advertir: los consejos son los spoilers de la vida, y casi siempre prefiero no escuchar. Los dejo en visto, como él hace conmigo. Y me pregunto, por qué las cosas saben bien cuando las hago mal.

Niña de bosque, rumor salvaje, esta noche el lobo vuelve a tocar la puerta, y yo la abro sin miedo y sin culpa, y le dejo pasar, porque nunca fui buena, nunca obediente. Me cree inocente pero, la inocencia la perdí, el día que dejé de creer, en él, en dios, en mí. Sabré defenderme, ponerme a salvo, hacer justicia sin leñador ni hacha. Sabré librarme, escapar sin salir, trabando el portón que se cierra tras de mí.

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