“He comedido un asesinato”

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Quería alejarme de tu fantasma, que me persigue incluso cuando no te pienso, lo llevo guardado en mi mochila, esa que llevo a todos lados para no sentirme vacía, monedas, una botella de agua, llaves y con el alma agitada, cansada de que tu recuerdo me persiga. En la cima de la montaña, sobre las nubes, te pensé, qué importaba, no sólo estabas en mi mochila, te habías impregnado en mi ser. 

Cómo pretendía huir de aquel fantasma si yo misma lo imaginé, ahora tiene vida, vida que yo le otorgué, es un fantasma que se alimenta del pasado y sus recuerdos, tengo miedo, amenaza mi presente se alimenta de mi, sin embargo vine a enterrarlo en aquel árbol dónde desnudaste mi ser con la poesía que llevas en tus labios, poesía de la que era protagonista ese día bajo el atardecer, sintiendo cada palabra tuya y letra sobre mi piel.

Era momento de enterrarlo, tu fantasma me cegaba, me ataba.

Mis dedos perforaban la tierra, tras cavar y cavar tan profundo como tu fantasma incrustado en mí, me despedí. 

Granitos de tierra dentro de mis uñas, rodillas sucias con un par de hojas muertas, mis prendas empapadas por la lluvia.

He cometido un asesinato, y mi víctima se encuentra bajo tierraa mi Dios le rezo por tu fantasma, un par de plegarias… Y adorno sobre la tierra con ramitas y flores. 

Dejo una nota con su nombre «vestigios» la entierro por encimitamientras doy un paso lento a la vez, otro, otro y otro, alejándome de nuestro lugar favorito, que se ha convertido en un cementerio. 

Que el orgullo se aparte de mí y me deje escribir.

El fantasma que mi ser ha creado es un pedazo de ti en mí… el que he enterrado.

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