Quise titular a este texto como: “Las eternas sufragistas” pero, lo eterno por definición no tiene principio ni tiene fin. Sin embargo, sempiterna según la Real Academia Española (RAE), precisa que: “durará siempre; que, habiendo tenido principio, no tendrá fin”. Nuestras antecesoras son esto; mujeres que dieron inicio a un verdadero cambio social permitiendo que ahora muchas otras tomen voz y voto ante las actuales problemáticas que aún vive nuestro género. Ya lo dijo María Teresa Fernández de la Vega “Cada vez que una mujer da un paso, todas avanzamos”.

Dado a que no se puede pasar por alto una fecha tan importante (8 de marzo), nace el afán de continuar con un legado transgeneracional que nos han dejado las fundadoras del movimiento feminista, reflejado en la constante lucha y constancia en esta vida llena de crueldad y cerraduras. La fecha que nos remonta a aquellos tiempos de lucha es 1889, cuando la trascendental Emmeline Pankhurst junto a su esposo Richard Pankhurst, fundan la organización colectiva para el Sufragio Femenino, con el fin de intentar que las mujeres puedan participar en las elecciones locales.

Emmeline junto a sus hijas y otras activistas fueron encarceladas repetidamente por exigir mejores condiciones de vida, realizando huelgas de hambre y atentados en la ciudad donde radicaban. El propósito como siempre: desear ser escuchadas por los patriarcas de aquella época, con la intención de poner fin a la vulneración de sus derechos.

Este hecho histórico no se aleja de la realidad actual. El activismo feminista en América Latina sigue siendo criticado ante ojos que no ven y corazones que no sienten. Aquellas autoridades o grupos de poder, aún piensan que con sus discursos baratos y adornos florales, la mujer seguirá convencida de que tan solo sirve para seguir un orden patriarcal, pero no, ¡están equivocados! La lucha continúa y continuará, ya no estamos solas. Creo firmemente en el poder feminista, como también en la reivindicación de nuestros derechos.

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