No estaba loco, era un femicida

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Colaboración de Belén Ramos

 

Mataron una más y a miles de nosotras en todo el mundo. Mataron una más, se hizo público y duele en las entrañas como si nos quitaran un pedazo de carne, porque nosotras, todas, somos una.

Fue asesinada frente a su hijo por su pareja, pero, ¿realmente esto nos sorprende? Puedo asegurar que no. Monstruo lo llaman, sin embargo no es así, es un hombre normal y femicida, dentro del promedio que lastimosamente es bastante amplio; no esta loco, ni enfermo, ni nada con lo que se lo describe, es un femicida.

Es hora de ponerle nombre a las cosas y dejar de justificar estos actos atroces, con adjetivos que justifican al hombre como asesino. La ira extrema que le provocó el hecho de que Ingrid quisiera dejarlo lo llevó a hacer algo tan horrible como apuñalarla más de 1 vez y quitarle la piel de la cara hacia las rodillas, tirar sus órganos y sacarle los ojos, por querer dejarlo, todo por querer dejarlo.

Para él, obviamente, esa idea era inadmisible, pues como mujeres les pertenecemos, nadie más nos puede poseer y, claro está, prefieren que estemos muertas a libres, no podemos ser de nadie más que de ellos, ni siquiera nos pertenecemos a nosotras mismas o a nuestros hijos, solo a ellos; quién piensa que el caso fue de tan alto calibre debido a que el femicida estaba enfermo, se equivoca, simplemente la ira del solo pensar que esa, quien era SU mujer ya no fuera más lo llevó a cometer el crimen de esta manera, no es un loco, es un asesino.

He visto la indignación de los pueblos cuando existe un nuevo impuesto, he visto la indignación y el actuar de las personas cuando una madre corrige a su hijo de una manera fuerte, pero no he visto ni el actuar, ni el sentir de aquel pueblo que se levantó por el gasolinazo o que protesto ante los monumentos dañados, ¿donde están? Ahí, trabajando, comiendo, viviendo, pues tenemos tan normalizada la violencia y el femicidio que ¿qué diferencia hace uno más?

Somos nosotras quienes sentimos su muerte. Cada mujer que es y ha sido violentada por parte de su pareja, puedo asegurar, que lee los titulares y piensa: «gracias porque no fui yo» y piensa de nuevo en todo lo que debió sentir ella antes y durante su muerte, morir a manos de quien dijo que la amaba.

Nadie, ni uno solo de los vecinos trató de ayudarla o fue a salvarla porque «en problemas de pareja no hay que meterse» y ahora eso me lleva a preguntar ¿que tan normal es en la vida de las personas escuchar una discusión de pareja a golpes? Muy normal, pues a nadie le ha llamado la atención los gritos de la víctima, el llanto o el retumbar de las paredes, así en silencio se convierten en testigos de un crimen atroz.

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