Una mente sin recuerdos

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Siendo sombrías las horas desde aquella partida pude descubrir -entre la oscuridad- una clara verdad: el engaño de ser y no ser.

Tras reiterados aconteceres los pensamientos hablaban a mi memoria y me permitían volver al lugar donde aparentemente un día fui feliz, sin darme cuenta que volvía a la inexistencia, al vacío, a la nada. Un eterno resplandor que aparece y se desvanece confundiendo a mis más íntimos recuerdos.

Imágenes y melodías grabadas que estremecían mis entrañas y ahora parecen ser tan solo falsas ilusiones envueltas en un deslumbrante papel de engaño. No me queda ni el más ínfimo de los placeres vividos, solo un caótico por venir después de tremendo espectáculo que tal vez nunca existió.

¡Que cruda la realidad de las almas disfrazadas de ilusiones pasajeras! Aquellas que se dedican a vender sueños y melodías llenas de excepcionalidad pero vacías de intención y de recuerdos. Ya no sé qué existe y qué no, solo sé que desvarío tras un fatídico desencanto y decepción. Me encuentro entre el pozo y el péndulo, sin opción a ver, pero si a sentir una clara verdad que al final de mis horas nuevamente se desvanece.

He despertado sin intenciones de creer, todo parece real pero nada lo es. Así como el amor que se ofrece benevolente pero resulta ser un cúmulo de desencantos constantes. ¡Quien lo diría! Que aquella persona que un día creyó en la autenticidad ahora solo suplique mantener una mente sin recuerdos.

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