El colectivo minero se une cada 4 de diciembre para celebrar el Día Mundial de los Mineros, una festividad que coincide con el día de su patrona, Santa Bárbara, y que a su vez comparten con otras profesiones relacionadas con los explosivos y la artillería. 

La historia de vida de Santa Bárbara, hija se Dióscoro, le condujo a introducirse en el mundo cristiano en oposición a las creencias de su padre.

 Unos dicen que, para evitar su conversión, Dióscoro le encerró en una torre de la que consiguió escapar y marcó su final. En la cima de una montaña fue capturada y decapitada por su progenitor, a quien, acto seguido, le fulminó un rayo.    Aquel rayo es el símbolo que relaciona a esta santa con los oficios vinculados con los explosivos. En el caso de la minería, la pólvora es el elemento por el que estos profesionales se encomendaron a ella para que les salvaguardara de la peligrosidad de su medio de vida. 

Si bien, en nuestro país, esta tradición y la fecha en sí, no se han popularizado, es importante reconocer la gran labor que realizan los mineros, la peligrosidad que engendra su desempeño y la importancia de que el estado les provea de los elementos básicos para su labor y cuidado de su integridad física y emocional.

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