La sonda Juno de la NASA, la nave impulsada por energía solar que ha viajado más lejos en el espacio, llegó el 5 de julio de 2016, a su destino: la órbita de Júpiter, el planeta más grande del Sistema Solar, al que daría 37 vueltas antes de estrellarse contra su superficie.

Juno, se incorporó a la órbita del planeta como estaba previsto. La nave, no tripulada y del tamaño de una cancha de baloncesto, fue la primera diseñada para operar en el corazón de los cinturones de radiación de Júpiter, la primera en llegar a 2.575 kilómetros de sus nubes superiores y la que tomaría las imágenes con mayor resolución vistas nunca del planeta gigante.

Júpiter, no es una estrella, pero casi. Durante la etapa de formación del Sistema Solar, hace algo menos de 5.000 millones de años, actuó como un hermano egoísta y devoró los restos de gas y polvo que había dejado la formación del Sol. Así se convirtió en un planeta gigantesco, hecho de hidrógeno y helio. Ahora, tiene una masa que dobla al resto de planetas combinados y su área de influencia es inmensa. Cuenta con más de 60 lunas, como Ganímedes, mayor que Mercurio, o Europa, un mundo helado con un océano subterráneo en el que algunos consideran posible encontrar vida. Bajo las nubes de ese mundo gigante y sus tormentas descomunales se esconden muchos de los secretos del origen del Sistema Solar y en la composición de su atmósfera se puede encontrar información sobre sus migraciones, en las que pudo arrasar nuestro sistema planetario para hacerlo habitable.

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