Al Lic. Ignacio Ramos Mancheno, destacado investigador, comunicador y otrora docente de la Universidad Nacional de Chimborazo, se debe la iniciativa de concebir e impulsar el proyecto editorial Testigos de la Historia que, con el respaldo del Municipio de Riobamba(GADMR), y la participación de entidades estatales y privadas, ha publicado más de una decena de trabajos en torno a la historia, la tradición y la memoria de la ciudad y su zona de influencia; a este proyecto, que la posteridad sabrá evaluar bajo distintas coordenadas, se suma Historia, letras y educación: 50 años, volumen de 110 páginas en el que se ofrece un sostenido recuento de latrayectoria de la Facultad de Ciencias de la Educación, Humanas y Tecnologías, casa de estudios superiores que nació como una extensión de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central del Ecuador.

Entre los méritos de esta publicación destaca el propósito de generar la memoria institucional de una entidad con alta incidencia en el proceso social, cultural y urbano de Riobamba, siendo el cincuentenario la coyuntura que coadyuva a mirar con renovada perspectivalas circunstancias en que la ciudad comenzó a concretar su anhelo de tener universidad, anhelo que, como mucho de lo humano, no ha dejado de suponer algún grado de progreso social: más allá de inmensas disfunciones y revueltas por superar, es innegable que la educación superior en Chimborazo ha dejado atrás esos años de tentativas y escarceos en que la más burda demagogia y las crónicas intromisiones de pandillas retardatarias propiciaban las condiciones de posibilidad para el triste ejercicio de “catedráticos” que se aparecían por las aulas dos o tres veces en el año sin dejar, eso sí, de cobrar sus haberes, o de ensañarse contra quienes tuvieran la osadía de pensar con cabeza propia.

Como autores de este volumen, prologado por Carlos Loza, constan seis nombres, los de Amparo Cazorla, Raquel Olmedo, Jesús Estrada, Lenin Garcés, Danilo Mejía y Myrian Palomeque, sin que queden en claro las razones para haberlos dispuesto en orden no alfabético ni en relación con un total de cuatro capítulos carentes de la deseable precisión en cuanto a autorías compete; desde mibuena fe, supondría que se ha procurado alumbrar la resultante de un trabajo en equipo, pero, desde el rigor formal que debe caracterizar a toda elaboración editorial que se respete, no me parecería justo difuminar aportes individuales de fuste ni atribuir a todo el colectivo falencias como la escritura a tal punto patosa,champurreada y reveladora de falta de oficio que se advierte, por ejemplo, en la página 38, inicio del apartado segundo: “Riobamba, capital de la provincia de Chimborazo, en la década de los sesenta se presenta como una ciudad con vida rural extendida [¿?] y ocupaba un 24% del total de la población [¿?]. Conformada por inmigrantes del campo, las actividades económicas estaban combinadas entre la artesanía tradicional y la agricultura [¿?].”

El volumen, retomando el estilo marcado por Testigos de la Historia, se complementa con fotografías antiguas y actuales, facsímiles de documentos y publicaciones de prensa, planos urbanos y arquitectónicos y una bibliografía cuya conformación, –sea dicho sin afán de menoscabo–,debió consignarse con mayor esmero: Riobamba: Ciudad y representación, por citar un caso, es un libro de mi autoría publicado por el GADMR y Káustika ediciones, y en ningún caso por “La Mariscal”, entidad inexistente. Saludamos la aparición de esta nueva entrega de Testigos de la Historia, y alentamos la aparición de nuevos volúmenes de sus autores, por ejemplo uno que recoja y salve del olvido esas “decenas de artículos publicados en la revista Procesos de la Universidad Andina Simón Bolívar” de los que Lenin Garcés Viteri, –en diálogo telefónico mantenido hace unas semanas–, volvió a atribuirse; Imprenta Cachalote, estamos seguros, sabrá darlos a la estampa con el mismo cuidado que ha puesto para dar término a la publicación conmemorativa que motiva esta serena cuartilla, aunque, viéndolo bien, mejor cabría esperar que sea “La Mariscal” el establecimiento que ponga en letras de molde tan singulares mitos y leyendas.

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