Urgente, se busca alma perdida, se ha ido nuevamente, responde al llamado de un cuerpo vacío, de un humano que no es humano, lleva puesto un poco de dolor, tristeza y alegría, es dual, si la encuentras, comunícate de urgencia y marca al siguiente número: 10 9 8 7 6 5 4 3 2 1…cuenta regresiva para que mi existencia se desvanezca sin ella.»

Donde. 

Ahí, un vacío sin principio sin fin, donde huyen las palabras que nunca se dicen, donde se alejan los pensamientos que eludimos, donde la demencia se llama cordura, ese preciso lugar, en el que no existe un envase de carne y huesos.

Transparente, importa menos como luces, importa más aquello que sientes. A nadie puedes mentir, tu alma no engaña, peor tu espíritu.

Donde.

Ahí, un vacío sin principio sin fin, donde la muerte sale a bailar ansiosa por tomar un poco de tanto, un poco de nada, donde la espiritualidad está más lejos de la vibra que pretendes mentir. Donde no eres nada y a la vez todo. Donde tu nombre deja de ser tuyo, y te guías por el llamado a tu corazón que susurran tus ancestros.

Dónde. 

Ahí. Me perdí, quise buscarme. 

Miles de letras, miles, un millón. 

Papeles que he pegado en la ciudad 

«Urgente, se busca alma perdida, se ha ido nuevamente, responde al llamado de un cuerpo vacío, de un humano que no es humano, lleva puesto un poco de dolor, tristeza y alegría, es dual, si la encuentras, comunícate de urgencia y marca al siguiente número: 10 9 8 7 6 5 4 3 2 1…cuenta regresiva para que mi existencia se desvanezca sin ella.»

Donde. 

Ahí, un vacío sin principio sin fin, en donde las dudas crecen conforme a la sombra de tu cuerpo que se va alejando dispuesto a irse para no volver. 

Donde el temor que sientes se vuelve oscuro tal como el vacío a donde van las almas perdidas que han abandonado su hogar. Donde el llanto no se diferencia al silencio, donde tu cuerpo pide a gritos sentirse vivo sin forzar a la tristeza que se marche. 

Dónde, me pregunto dónde estarás cuando se perfectamente que te has escondido muy dentro de mí, cuando sé con certeza que cada vez que te marchas es porque te obligo a callar, porque a veces siento que el equilibrio que debería tener es necesario entre el ruido y el silencio dentro de mi ser, porque ruego sentirte en cada gota de sangre que recorre mis venas, porque soy menos yo, un cuerpo muerto sin vida, porque soy lo que siento, sino te siento, cómo pretendo volver a ser yo. 

Basta. 

No hay búsqueda en la que se requiera externos para encontrarme. Ironía de buscar lo que se lleva dentro, impregnada en mi ser, pero silenciada, callada y sin potestad de tomar cada centímetro de este cuerpo que esta muriendo poco a poco.

Donde.

Ahí, un vacío sin principio sin fin, en donde las cuatro paredes de la habitación empiezan a sofocar. Ahora siento la incógnita de tu ausencia propagarse en mi pecho, en ese agujero putrefacto, descompuesto. Cálido, te adueñas de mi corazón, finalmente siento el latido acelerado que rompe la duda de si anduve muerta desde tu partida, alma sin forma, me tomas con la misma intensidad y el deseo de buscarte. Duele, empiezo a gemir, dispongo mi carne al dolor que traes como ofrenda.

Se obscureció, en un abrir y cerrar de ojos, al fin soy yo.

Combinación exquisita de dolor y calma, amanecer, anochecer, pureza, perversión, atada a la imperfección de la vida misma para que la gracia del existir se transforme en el deleite de una montaña rusa, así, inesperada. Con la dualidad para denominarme “humano”, decorada con verdad en el rostro para evitar mentirme aquello que no soy, porque las letras se repiten ocultas en cada escrito, soy el falso intento de un humano siendo humano, humano a quien le queda grande el nombre, sobra y falta existencia para descifrar esos laberintos mentales que he trazado, sobra y falta existencia para comprender los deseos y secretos que no los escucha ni el aire.

Donde.

Ahí, un vacío sin principio sin fin, en donde acepto mi necedad y cobardía, en donde ya no prefiero la tranquilidad si debo silenciarme para tener un poco de paz, en donde la incertidumbre de buscarme se presenta cada mañana, en donde el caos de mi mente y alma se fusionan con mi espíritu y cuerpo. 

Otra búsqueda trágica para un alma que tiene miedo a ser descifrada, a ser escuchada. 

Dónde.

Ahí, el principio del fin, el mensaje de mi alma al descubierto, 

¿A dónde van las almas perdidas?

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